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#ZNCine – Crítica de Guardianes de la Galaxia Vol. 2, de James Gunn

Os contamos qué nos ha parecido el regreso de los Guardianes de la Galaxia en una de las cintas más esperadas del año
 

Dirección: James Gunn
Guión: James Gunn
Música: Tyler Bates
Fotografía: Henry Braham
Reparto: Chris Pratt, Zoe Saldana, Dave Bautista, Bradley Cooper, Vin Diesel, Michael Rooker, Karen Gillan, Kurt Russell, Glenn Close, Sylvester Stallone, Elizabeth Debicki, Tommy Flanagan, Sean Gunn, Pom Klementieff, Chris Sullivan
Duración: 137 minutos
Productora: Marvel Studios
Nacionalidad: Estados Unidos

 
Aviso de Spoilers: la siguiente crítica no contiene detalle alguno de la trama de Guardianes de la Galaxia Vol. 2, por lo que puede ser leída sin miedo a encontrarte de golpe con cosas como que Kurt Russell es el padre de Peter Quill. Venga ya, eso ya se sabía por los trailers.

Reconozcámoslo, en 2014 nadie daba un duro por Guardianes de la Galaxia. Personajes desconocidos para el gran público, un director excéntrico alejado de los cánones de las grandes superproducciones y una trama cósmica que alejaba el foco del Universo Cinematográfico Marvel de su zona de confort creada alrededor de la onda gravitacional de la presencia de Robert Downey Jr.. Muchos presagiaron entonces el primer fiasco importante para Kevin Feige y compañía, y sin duda hubiese sido un tropiezo importante para una Marvel que ya tenía a Thanos y las Gemas del Infinito en la mira para sus próximos años. Como inteligente empresa que es, Marvel Studios ya miraba a las estrellas cuando nosotros aún no apartábamos la vista de la reluciente armadura de Tony Stark o el grácil escudo del Capi, porque sabía que allí arriba podría encontrarse el filón del que extraer petróleo una vez las reservas de los Vengadores originales se hubieran terminado. Debían de ser los únicos que lo veían antes de que se estrenara el primer tráiler de Guardianes de la Galaxia y todo cambiara: Hooked on a Feeling comenzaba a sonar de fondo mientras se nos presentaba a una panda de capullos entre los que encontraban una asesina de piel verde, un mapache malhablado, un árbol con tres palabras por todo vocabulario, un sanguinario sin sentido para la ironía y un terrano aficionado a escuchar en su walkman éxitos musicales de los años 70 y 80. En muchos sentidos, Guardianes de la Galaxia podía considerarse un salto al vacío por parte de Kevin Feige al apostar por la primera película de autor del MCU (al menos fue la primera en tener unos títulos de crédito que comenzaban reconociendo su autoría con un “A James Gunn film”), y su monumental éxito de crítica y taquilla confirmó que a Marvel se le daban bien las apuestas; gracias al riesgo corrido con Guardianes de la Galaxia tuvimos Ant-Man (con su entrega total al humor y su primer vistazo al Universo cuántico) y en mayor medida la psicodelia, el misticismo y la decidida escala cósmica de Doctor Extraño, otro nuevo éxito incluso mayor que el de sus predecesoras en este continuo mover ficha de Feige. Ahora nos llega la primera secuela de este nuevo MCU donde casi todo es posible y a la que uno entraba preguntándose si la fórmula mágica de Marvel seguirá dando sus frutos.

La primera reflexión que me vino a la mente tras abandonar la sala es que Guardianes de la Galaxia Vol. 2 es una película más arriesgada de lo que parece a simple vista; muchos aquí se detendrán en seco y encontrarán el primer gran “pero” a esta crítica o a la película en general, y es que en un principio parece que nos encontramos ante una secuela completamente apegada a la cinta original; nada hay aparentemente en el esquema básico de este Volumen 2 que se separe (o quiera separarse) de lo que hizo grande a su antecesora, e incluso a primera vista parece que James Gunn quiere alejarse del carácter rupturista de la fórmula básica de las segundas partes (el planteamiento-nudo-desenlace o auge-caída-resurgimiento típico de las trilogías), sino que sigue a pies juntillas los parámetros de una continuación que busca repetir el éxito sin cambiar demasiado las cosas. Ese aparente conservadurismo de Gunn (un director con poca fama de comedido en sus propuestas) resulta chocante, más aún cuando ante nuestros ojos comienza un desfile de diseño de producción y efectos especiales abrumadoramente superiores a la primera película, dándonos una molesta impresión de que el tópico “bigger” se ha cumplido en esta secuela sin medida, limitándose a aumentar exponencialmente secuencias que ya estaban en la primera Guardianes de la Galaxia pero en esta ocasión con más ambición y presupuesto. Es un poso que se mantiene durante la primera parte de la cinta, durante la que uno no deja de preguntarse incluso si le puede haber venido grande a James Gunn el éxito de la primera parte o el aumento de presupuesto. Para entendernos, todo sigue funcionando como un reloj (si hay algo que le sobra a la saga es ritmo) pero al fin y al cabo todo sigue funcionando igual, como si hubiéramos empalmado con el final de la anterior película y siguiera rápido sólo por el hecho de ir cuesta abajo en punto muerto.

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Este planteamiento sirve para marcar una línea (qué digo una línea, una trinchera en toda regla) entre los espectadores que entraron de lleno a la propuesta de Gunn en la primera parte y los que no. Porque aquí, creo, no va a haber medias tintas: Guardianes de la Galaxia Vol. 2 te va a dar todo lo que te gustó (o no te gustó) de la primera parte multiplicado por dos: más toques de humor, gags y juegos de palabras por minuto (me ahorraré el comentario sobre una bochornosa localización patria de un chiste en particular), más canciones (excelentemente escogidas de nuevo, eso sí –mención especial para mis adorados Fleetwood Mac-) y más dinámica por equipos con ligeras variaciones (Peter-Gamora, Rocket-Peter, Drax-el resto del mundo, Groot como reclamo humorístico vía slapstick…); por todo ello, supongo que los críticos con la primera Guardianes se ensañarán especialmente con esta segunda parte sacando a relucir todos los supuestos defectos del nuevo MCU post salida de Whedon, y no me cabe duda de que a los que les gustó la primera parte saldrán con las expectativas colmadas de esta nueva cinta, aunque parece que la sensación general entre los optimistas es que se esperaba un poco más de esta nueva instancia de la saga. Creo, sin pecar de querer ser demasiado diplomático, que puede haber un muy interesante punto intermedio entre las dos opiniones.

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Y es que Gunn ha perdido algo muy importante (vital para algunos) desde aquel 2014: el factor sorpresa. Ya no nos sorprenden las canciones, ni el árbol, ni el mapache, ni las referencias a la cultura popular de los ochenta (a pesar de esforzarse especialmente con cierto actor y cantante); el camino fácil ante esa tesitura hubiera sido, efectivamente, hacerlo todo más grande, más exagerado y, sobre todo, más importante (un objetivo realmente fácil estando a dos películas –dos- de la Guerra del Infinito); pero he aquí que llega la sorpresa a la película trascurrida su primera mitad y comenzamos a darnos cuenta de que Gunn nos ha hecho el típico truco de mago enseñándonos las cartas por aquí y ocultando dónde se encontraba la verdadera mano ganadora de este Volumen 2: en la fe inquebrantable por sus personajes, el auténtico tesoro ganado a pulso en la primera parte más allá de sus chascarrillos y sus bailes imprevisibles. Cuando Guardianes de la Galaxia Vol. 2 pone la directa, acelera cerrando los ojos porque sabe que la fuerza de los lazos (las cadenas que nos mantienen unidos, que cantaban Lindsey Buckingham y Stevie Nicks) entre los personajes, cogidos de la mano sosteniendo una Gema del Infinito, plantaron las raíces para poder ir más allá en un Volumen 2 que precisamente va más lejos pero no en la dirección que esperábamos, y eso sinceramente es una grata sorpresa. La gente (el espectador, el fan, el purista, cualquiera en definitiva) se sienta en la butaca pensando en Thanos, en el Guantelete del Infinito, en las posibilidades, los cameos, las sorpresas, los guiños o las escenas post-créditos, cuando todo en lo que está pensando Gunn es en sus personajes. De nuevo nos encontraremos en una dualidad en cuanto a opiniones: para muchos será una ocasión perdida; para otros (entre los que no tengo más remedio que encontrarme), una más que grata sorpresa dentro de una película que no me estaba sorprendiendo especialmente más allá de colmar las expectativas de encontrarme con lo mismo que me gustó de la primera parte. Guardianes de la Galaxia Vol.2 paga el precio de la intrascendencia con el amor incondicional hacia el corazón de su éxito, el viaje emocional de cinco tarados que acaban convertidos en familia disfuncional, pero familia al fin y al cabo. Y es de agradecer que la última parte de la película pase de largo del típico clímax videojueguil de ir de A a B para conseguir C y meterlo en D alargado hasta la extenuación, y se centre en de dónde veníamos, dónde estamos y a dónde queremos ir, algo tan básico en el devenir de una historia que parece que se nos ha olvidado que es la base de toda narrativa.

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Para cuando suena Surrender, la canción de Cheap Trick con la que recuerdo Conan O’Brien decidió comenzar su infausto periodo al frente del Tonight Show, uno se da cuenta de que se encuentra ante un caso de amor u odio hacia una propuesta única y personalísima, la de James Gunn, que marcó y marcará gran parte del futuro del Universo Cinematográfico Marvel (ya se habla de que los acontecimientos del Volumen 3 serán claves para los diez próximos años del MCU). De momento, y a la espera del Ragnarok que llegará en noviembre, parece incluso absurdo hablar de grandes planes y épicas batallas cuando todo lo que nos querían contar en esta ocasión era la historia atemporal de padres e hijos, familias accidentales y sentimientos postergados. Una pequeña historia a escala planetaria. Si nos ponemos metafóricos, lo que en definitiva lleva décadas haciendo Marvel a través de los cómics con mutantes, guerras civiles o eventos cósmicos: hacerte admirar la sencilla belleza del dedo que apunta a la Luna.


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