Tenemos que hablar de Johnny Depp


Hace unos días, en Glastonbury (Inglaterra), Johnny Depp dejó caer de forma muy frívola que mataría al presidente estadounidense, Donald Trump. Los medios de comunicación enloquecieron. Las consecuencias no tardaron en llegar; y tampoco las disculpas del actor. Pero, bromas de mal gusto aparte, esta reacción furibunda ocultaba otras noticias relevantes.

La exmujer de Depp, Amber Heard, le pidió el divorcio el año pasado por malos tratos e indicó que había sido testigo de múltiples episodios de ira e incidentes violentos. "Tengo mucho miedo de Johnny y temo por mi seguridad", aseguraba Heard según los documentos judiciales. "Su relación con la realidad oscila, depende de su interacción con el alcohol y las drogas. Muchas veces está paranoico y su carácter me da miedo".

Medios que no inspiran confianza y un público receloso

Heard proporcionó fotos, vídeos y mensajes de texto en los que demostraba que estaba siendo víctima de abusos. Tenía testigos. Llamó a la Policía, pidió una orden de alejamiento —que, por cierto, le concedieron; es decir, que un juez determinó que se trataba de pruebas convincentes— y pidió el divorcio. Hizo todo lo que se supone que debe hacer una víctima, y aun así en la opinión pública predominaba el escepticismo.

Cuando salieron a la luz las declaraciones de Heard, se dijo que Depp, con esos ojos tristes y ese carácter extravagante, no podía ser un maltratador.

La conclusión a la que se llegó cuando salieron a la luz las declaraciones de Heard fue que Depp, con esos ojos tristes y ese carácter extravagante, no podía ser un maltratador. En vez de tratarle a él como tal, se tachó a Heard de mentirosa, manipuladora y sacacuartos. Pero, la semana pasada, los representantes del actor presentaron documentos judiciales que respaldaban las declaraciones de Heard, en los que se alegaba que el actor había abusado de ella en varias ocasiones y que incluso había intentado encubrirlo. Y solo ahora, cuando los que han sido sus representantes durante 17 años corroboran la historia de Amber Heard, quizá estemos dispuestos a creer que, a lo mejor, Johnny Depp maltrataba a su mujer.

¿Qué hace falta para que se crea a una mujer? En este caso, las pruebas no marcaron la diferencia; se desestimaron sin pensar. Cuando salieron a la luz las fotos de Heard con la cara llena de moratones, la gente o bien pensaba que eran falsos o que se había autolesionado. Que los mensajes del asistente de Depp en los que aseguraba que el actor se arrepentía de haber pegado a su mujer debían de tener truco. Que el vídeo en el que se veía a Depp agresivo, borracho y rompiendo copas no era relevante, porque "Heard le estaba provocando".

La ira siempre está cerca. En muchas ocasiones he rozado el límite de la locura absoluta.Johnny Depp

La falta de disposición para creerse la presunta naturaleza maltratadora de Johnny Depp choca con los comentarios que ha hecho el propio actor sobre su "horrible carácter". Según sus propias palabras, se metía en peleas y "no tenía límites… puñetazos en la tripa, mordiscos en las orejas, arrancar ojos". "La ira siempre está cerca. En muchas ocasiones he rozado el límite de la locura absoluta", continúa. Estas declaraciones subrayan la ira explosiva de la que Heard fue testigo —al igual que la ocasión en la que detuvieron a Depp por destrozar una habitación de hotel durante una pelea con su expareja Kate Moss—, pero no bastaron.

Las pruebas de Heard, que los medios no tardaron en propagar, fueron desestimadas y se percibieron como invenciones maliciosas o como exageraciones. The Daily Mail (el mayor sitio web de noticias online del mundo) se preguntaba por qué Heard había subido a Instagram una foto en la que aparecía sonriendo horas después del supuesto ataque; como si tener la valentía de esbozar una sonrisa le quitara autoridad a su demanda por malos tratos. Los lectores pensaban igual: la sección de comentarios era una mezcla de usuarios que culpaban a la víctima ("Me pregunto qué haría ella para provocarlo"), que intentaban justificar ("La madre de Johnny acaba de fallecer, dadle un poco de tregua") y que mostraban su rotunda incredulidad.

A menudo se hace referencia a los malos tratos que sufrió Rihanna por parte de Chris Brown en 2009; la gente compara los moratones "apenas visibles" de Heard con las imágenes de Rihanna. Los hay que opinan: "Este es el aspecto de una víctima real de malos tratos". Según el informe policial, Chris Brown pegó, mordió y estranguló a Rihanna hasta dejarla casi inconsciente. ¿De verdad la violencia doméstica tiene que llegar hasta este punto para considerarse "real" o digna de condenar?

¿Qué aspecto tiene un maltratador?

La falta de disposición para creerse que Depp es capaz de maltratar a alguien tiene que ver en muchos casos con que "no parece" que sea un maltratador. No es verdad que todos los maltratadores parezcan monstruos feroces: este tipo de personas son muy complejas. De hecho, muchos amigos famosos de Johnny Depp se han hecho eco de esta percepción errónea. "Conozco a Johnny Depp desde hace muchos años", tuiteaba el actor Paul Bettany. "Es el hombre más dulce, más amable y más discreto que conozco. Solo es mi opinión".

No, Paul Bettany, no es solo tu opinión: es un sutil intento de minar la credibilidad de Heard con tu propio discurso; es decir, que como Depp es amable, no puede ser un maltratador. Tenemos que deshacernos, pero ya, de la idea de que las personas que abusan de sus parejas no se portan bien con sus amigos. Los comportamientos violentos pueden darse en una relación y no en otra. Se puede concebir perfectamente que Depp sea un buen amigo, pero que también haya maltratado a su mujer. Una cosa no excluye a la otra.

Tenemos que desechar ya la idea de que las personas que abusan de sus parejas no se portan bien con sus amigos.

Sólo en España han sido asesinadas 31 mujeres en seis meses. Muchas más sufrirán maltrato físico por parte de su pareja. Y muchas de ellas nunca denunciarán. Lamentamos estos hechos, pero cuando una mujer da un paso al frente y acude a la Policía, no la creemos. Este caso no es poco habitual. Simplemente pone de manifiesto lo normalizada que está la culpabilización de la víctima en nuestra cultura y la ignorancia que rodea a la pérfida naturaleza del maltrato.

No queremos hablar sobre la posibilidad de que una figura pública querida y respetada sea capaz de maltratar a alguien. Pero tenemos que hablar de ello. Porque aunque es posible que cambie la opinión pública sobre este tema, el recuerdo de la desconfianza, de la culpabilización de la víctima y de la denigración de Amber Heard perdurará.

Este post fue publicado originalmente en la edición británica del ‘HuffPost’ y ha sido traducido del inglés por Lara Eleno Romero.


Leer más: Huffington Post Spain Athena2 | Autor: Selene Nelson

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