El eterno retorno del Loco Bielsa



El DT argentino Marcelo Bielsa, quien acaba de debutar con el Lille en la liga francesa, ha dejado huellas en cada club a su paso por el ideal de ética, ataque y belleza que sigue como evangelio, en un mundo donde el fútbol se parece ‘cada vez menos al aficionado y más al empresario’.

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El director técnico del Lille, Marcelo Bielsa, hace un gesto durante su partido debut en la Ligue 1 de Francia contra el Nantes el domingo 6 de agosto de 2017. Lille ganó el partido 3-0 de local.

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Philippe Huguen/Agence France-Presse — Getty Images

Antes de firmar con Lille, Marcelo Bielsa llamó a un líder de una agrupación de hinchas del Olympique de Marsella, su club anterior en Francia. “Quería saber si no tenían una rivalidad especial con Lille, si no había ningún problema de valores si él iba allí”. Mientras lo cuenta, la fuente, que sigue desde hace años a Bielsa por el mundo, me dice que el técnico argentino no deja de sorprenderlo.

A Bielsa le enoja que cualquier palabra suya aparezca simplificada o malinterpretada luego en los medios (“prefiero que no me conozcan a que me conozcan mal”). Le importa mucho su imagen. No para vender relojes, como José Mourinho, sino al estilo Mi nombre es todo lo que tengo, como la película de Ken Loach. Su nombre es su compromiso ante los hinchas del club que elige dirigir. Una vez allí, ese compromiso es ilimitado. Bielsa, que debutó el domingo en la Ligue 1 con una buena victoria 3-0 de local contra el Nantes de Claudio Ranieri, es más hincha que los hinchas. Es una rara avis en el fútbol.

En Argentina, tras una clasificación brillante, condujo a la selección al peor resultado en copas mundiales en casi medio siglo: cayó en primera ronda en la Copa de Corea-Japón 2002. No importa. Bielsa sigue siendo la máxima referencia ética en un país cuyo fútbol suele confundir picardía con trampa y que ha hecho un culto de la Mano de Dios.

Hasta un modesto club de tercera división, Comunicaciones, recurrió el jueves pasado a él para dejar sentada su protesta porque la Asociación de Fútbol Argentino (AFA)  lo obligó a jugar un insólito partido de apenas cinco minutos contra Deportivo Riestra, por el ascenso a segunda. La decisión indignó a todos, porque Riestra había agrandado áreas y había provocado la invasión de campo cuando quedaban cinco minutos. En la farsa del jueves, Comunicaciones, que no logró torcer el marcador, entró al campo con una frase de Bielsa. El mensaje pedía respeto por el reglamento. Y decía que el fútbol “fue creado para superar al rival de acuerdo con la belleza de los elementos que tiene el juego”. Firmado: Marcelo Bielsa.

Ética, ataque y belleza: es la Biblia de Bielsa. Difícil de sostener en un fútbol con leyes de jungla y dineros inflados por China, el petrodólar y Wall Street.

“¿No notan que el mundo del fútbol cada vez se parece menos al aficionado y más al empresario?”, es otra de las frases de Bielsa. Aparece en Los 11 caminos al gol, un libro de Eduardo Rojas, testigo directo del paso de Bielsa como DT que marcó a la selección de Chile. Lo cuenta como nadie en su última edición la gran revista argentina Don Julio.

Bielsa recorrió los barrios más pobres de Santiago (alguna vez sugirió que calma su ansiedad “dedicándose al dolor ajeno”). Se asoció a la Junta Vecinal, salía con su bicicleta y preguntaba en qué podía ayudar al barrio Villa El Salitre, que rodea al predio del complejo Pinto Durán, donde entrenaba a la selección y donde él vivía en una habitación de tres metros cuadrados. Le pagó pasaje a hinchas que le escribían desde el interior para que vieran cómo trabajaba. Visitó a niños enfermos. Envió a un verdulero amigo del barrio a que recibiera en su nombre un premio que le había entregado el Círculo de Periodistas Deportivos de Chile. Y clasificó a la selección al Mundial de Sudáfrica 2010 con un fútbol de ataque inusitado.

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Marcelo Bielsa durante una conferencia de prensa en Francia, en mayo de este año

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Denis Charlet/Agence France-Presse — Getty Images

Los hinchas del Athletic Bilbao tampoco olvidarán jamás el paseo que su equipo, dirigido por Bielsa, le dio una tarde a Manchester United en Old Trafford en la Liga de Europa. A Bielsa le lastimó luego ver a sus jugadores riéndose minutos después de una dura derrota ante Atlético de Madrid en una final de Copa del Rey. Les dijo que eran “millonarios prematuros”. “Me parece inadmisible, muchachos, ilusionar a un pueblo y luego defraudarlo”.

“Él siempre dice que juega para los hinchas. Para emocionarlos, para lograr empatía con ellos”, me cuenta Ignacio Fusco, autor del texto publicado en Don Julio. Lo logró también en sus pasos previos cuando coronó campeón argentino a Vélez Sarsfield y, primero, a Newell’s Old Boys, el equipo donde jugó y que le puso su nombre al estadio. Y lo consiguió también en Marsella, del que no se fue bien, como suele sucederle.

Es un “genio loco”, a veces caprichoso, que impone un ritmo difícil de seguir, contó a Don Julio Fabrice Olszewsky, su traductor en las conferencias imposibles de olvidar en Marsella, como aquella en la que alabó el autogobierno del equipo, aunque ello, admitió él mismo, lastimara su autoridad. En ninguno de esos clubes, me dice Fusco, Bielsa llegó a los cien partidos. Sus ciclos son cortos, de finales abruptos. Tan intensos, eso sí, que parecen eternos.

Los medios “estimulan lo peor de nosotros”. Manipulan. “Influyen más que la familia y la escuela”. Y “se especializan en pervertir al ser humano según victoria o derrota”. Bielsa, nacido hace 62 años en una familia acomodada y estudiosa de Rosario, fue ovacionado cuando dijo eso meses atrás en San Pablo. Por eso esquiva elogios. Como los que recibe en estas horas en Lille. Renovó casi por completo al equipo. Incorporó a diez jugadores por 65,5 millones de euros, el quinto club que más dinero gastó en Francia, en un mercado enloquecido por el arribo de Neymar al PSG. Su equipo joven (23 años en promedio) y sin estrellas lució en los partidos de pretemporada el fútbol veloz, de automatismos y cambios de puesto, presión alta y juego más directo que bello, que había entusiasmado antes en Francia con el Marsella.

Lille, al norte de Francia, tiene tres títulos de Liga, el último en 2011 cuando hizo doblete porque también ganó Copa, dirigido por Rudi García, el DT más valorado por los hinchas. El empresario Gerard López, su propietario, quiere mejorar el último undécimo puesto. Los hinchas, no tan pasionales como en Marsella, se sumaron el domingo al entusiasmo. Intuyen acción.

Bielsa, un gran cinéfilo que muchas veces parece un hombre solo, un matemático que exige un ideal muchas veces utópico de precisión y belleza y pregunta a los demás si son felices, sabe que le dicen el Loco porque es obsesivo. Cuenta que lleva vistos más de 50.000 partidos y que en el fútbol hay “17 estaciones” de cómo recuperar la pelota, un punto clave porque allí, sostiene, “se va forjando la identidad moral y la fortaleza anímica del grupo”.

La “solidaridad entre los mejores y los débiles” para él es “innegociable”. Bielsa decodifica también 11 formas de definición y 36 formas posibles de pase. Y dice que “no hay más de diez esquemas básicos (4-3-3, 4-3-1-2, etcétera. El domingo usó el 3-3-3-1). Anunció que hablará menos en Lille y contó que su esposa le pidió que mire a los ojos y sonría más en las conferencias (no parece hacerle mucho caso por ahora).

“No me quieras porque gané, necesito que me quieras para ganar”, suele decir Bielsa a sus jugadores. A ellos, a sus piernas y también a sus cabezas, les cuesta a veces corresponder a tanta intensidad. Días atrás, Bielsa fue filmado cantándoles el tango “Qué me van a hablar de amor”. Es la historia de un hombre que vivió “mil amores”. De un “potro mal domado” que “ahora” vive “otra aurora” y pide que no le expliquen el amor, porque “aunque tenga que aprender”, le cantó Bielsa a sus jugadores, del amor “nadie sabe más que yo”.


Leer más: Español | Autor: Budasoff

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