‘Rick y Morty’: cuando la mejor ciencia ficción está en los dibujos animados para la tele


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En uno de los mejores capítulos de la primera temporada de ‘Rick y Morty’, ‘Close Rick-counters of the Rick Kind’, el científico tronado Rick, que vive en el garaje de su hija y corre peligrosas aventuras en compañía de su nieto adolescente Morty, se enfrenta al mayor de todos sus enemigos interdimensionales: él mismo. Hay alguien que está matando a los Ricks de todas las dimensiones y él mismo, un Rick que nunca ha terminado de someterse a las reglas del Consejo Interdimensional de los Ricks, es el principal sospechoso.

No te asustes si es demasiada información para asimilarla de golpe: cada episodio de ‘Rick y Morty’ vapulea al espectador de esta misma manera, con una sobredosis de información, chistes y paradojas. Aquí, por ejemplo, se presenta a uno de los grandes descubrimientos de la serie, el Consejo de Ricks (una parodia del también demencial Consejo Interdimensional de Reeds de los Cuatro Fantásticos).

Pero también plantea una cuestión que incide no ya en la propia narrativa de la serie, sino en los códigos que explota con despreocupación: el plan del villano es raptar a todos los Mortys de todas las dimensiones, porque cada Morty es en realidad una protección perfecta para cada Rick. Es decir, el acompañante del héroe (de Sancho Panza a Robin, pasando por Yoshi) es un escudo perfecto para el héroe: atrae los disparos, siempre le raptan y nunca muere.

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El referente más claro del companion del héroe (y su utilidad oculta) está en uno de los modelos más claros de ‘Rick y Morty’, ‘Doctor Who’, que en los mejores momentos de la etapa Moffat ya reflexionó mucho y muy bien sobre la naturaleza y propiedades de los acompañantes del héroe (así como la turbia relación que liga a un extraterrestre centenario y una bella e inocente chica terrícola, aunque esa es otra historia).

Y antes de ello, otro gran cavilador sobre los resortes que mueven las historias, Joss Whedon, también habló al respecto -y en un tono menos palabrotero pero igualmente desmitificador- a propósito del héroe y sus inmortales acompañantes en ‘Buffy Cazavampiros’.

Es decir, ‘Rick y Morty’ no solo es una serie divertidísima sobre un científico loco que eructa más de lo que habla y su desventurado nieto en aventuras que les llevan desde al interior de un cuerpo de un homeless a zapear por decenas de canales de televisión por cable interdimensional. También es una aguda reflexión sobre la ciencia-ficción y sus derivas, sobre la narración serial y sobre los tópicos de la cultura popular.

Ciencia-ficción, humor y emoción

Uno de los grandes escritores que mezcló ciencia-ficción y humor, Fredric Brown, lo hacía a menudo en microrrelatos muy breves. Uno de los más conocidos de toda su obra, ‘Llamada’, es especialmente popular por su fascinante concisión, y os lo presentamos íntegro aquí mismo:

Llamada

El último hombre sobre la tierra está sentado a solas en una habitación. Llaman a la puerta.

Esta pequeña maravilla, que tiene tanto de ciencia-ficción como de fantasía e incluso terror, es un modelo perfecto de cómo funciona cada capítulo de ‘Rick y Morty’. Aparentemente ligero e intrascendente, pero cargado de píldoras que se van alternando entre sí, mezcla con aparente despreocupación códigos de género puro, humor y medidísimas dosis de emoción.

Por ejemplo, en uno de los episodios más memorables de la segunda temporada, ‘Total Rickall’, un parásito alienígena se introduce en la familia, generando recuerdos falsos. La situación se va saliendo de madre mientras la casa de Rick y Morty se llena de personajes secundarios progresivamente más delirantes y que ellos identifican como reales por culpa de los falsos recuerdos.

¿La manera que tienen de salir de ese bucle que amenaza con devorarlos? Descubren que los parásitos solo generan recuerdos felices (mandando un desolador mensaje entre líneas: nadie es tan feliz si no se lo está inventando), así que los héroes comienzan a eliminar a los recién llegados de los que no tienen malos recuerdos y se quedan con la gente real. Los que los hacen infelices.

Es decir, tenemos en este episodio todos los elementos de la mejor ciencia-ficción humorística:

-Códigos del género: La implantación de recuerdos falsos. En ‘Rick y Morty’ les encanta solapar realidades. En uno de los primeros episodios, ‘M. Night Shaym-Aliens!’, se juega con realidades virtuales con estructura de muñecas rusas, y en ‘A Rickle in Time’ se produce la multiplicación de la realidad en infinitas realidades que se salen de control, con los personajes de unas intentando eliminar a sus contrapartidas en las otras.

Los creadores de la serie, Justin Roiland y Dan Harmon, introducen conceptos de ciencia-ficción dura y literaria en aventuras aparentemente intrascendentes, pero que juegan con conceptos del género bastante atrevidos. Una de sus grandes virtudes es que funciona en dos planos: es una sitcom enloquecida, pero también una comedia geek, y ninguna de los dos enfoques devora al otro.

La devoción de la serie por la ciencia-ficción estaba en su mismo germen, el brutísimo corto ‘The Real Animated Adventures of Doc and Mharti’

Esta naturaleza, de la que hablábamos más arriba al considerar cómo un concepto de ci-fi juguetona (el Consejo Interdimensional de Ricks) sirve para reflexionar sobre los mecanismos del género (el companion como salvavidas), ya estaba en el mismo origen de la serie, el corto The Real Animated Adventures of Doc and Mharti con el que Roiland parodiaba a base de pornografía animada a otra ilustre pareja de la ciencia ficción, Doc y Marty de ‘Regreso al Futuro’.

Es decir, el conocimiento la ciencia-ficción y sus resortes está en la misma médula espinal de la serie, y ‘Rick y Morty’ hace gala de ello continuamente.

– Humor referencial (pero no exclusivamente): Lo divertido de ‘Total Rickall’ es ver cómo los personajes ridículos y asociados a recuerdos falsos se multiplican, lo que sin duda tiene mucho del humor geek e improvisacional tan propio de la serie: personajes monstruosos y absurdos que van poblando el salón y que hacen referencia a tantos otros tópicos del género.

Pero a la vez, el episodio recurre al humor por acumulación, y al efecto camarote de los Hermanos Marx. El humor es a la vez sofisticado y directo, y pocos episodios de ‘Rick y Morty’ lo ejemplifican mejor que este: hay espacio para el chascarrillo bobo, para el gag brutal e incluso para el tirabuzón final con personaje sorpresa (y que se ha convertido en uno de los más ridículamente adorados por los fans)

-Emoción: ‘Rick y Morty’, por su naturaleza, no hace demasiado hincapié en el drama. No lo necesita, porque la buena ciencia-ficción siempre habla de temas trascendentes hasta cuando no quiere. ‘Rick y Morty’ no es una excepción, y bajo una ruidosa capa de comedia cafre, Rick nos envía unas cuantas (y muy nihilistas) refkexiones sobre el origen de nuestra existencia y su objeto.

En este caso, la reflexión llega cuando los personajes se dan cuenta de que la única realidad es la que nos hace infelices, una conclusión paralela a la que llegaban los personajes en el mítico episodio ‘Rixty Minutes’, en el que con unas gafas de realidad virtual los miembros de la familia veían qué habría sido de sus vidas si el matrimonio de Beth (la hija de Rick) y Jerry no hubiera existido. La peor parte, por supuesto, le llega a la hermana mayor de Morty, Summer, que no habría existido si se hubiera acabado efectuando un aborto que llegó a considerarse.

Desolada al conocer esto, Summer se encuentra con Morty, que le espeta una de las frases más célebres de la serie: "Nadie existe con un propósito, nadie pertenece a ninguna parte, todo el mundo va a morir. Vamos a ver la tele". A esas alturas, Morty ya se ha dado cuenta de la negritud existencial que Rick lleva años (o siglos, quién sabe) a cuestas, y que ha llegado a extremos como que Rick y Morty se instalen en una dimensión que no les pertenece, después de enterrar a los auténticos Rick y Morty en el jardín.

Las aventuras más oscuras

La tercera temporada de ‘Rick y Morty’, que lleva emitida en Estados Unidos la mitad de sus capítulos, se anunció con un trailer que prometía "el año más oscuro de nuestras aventuras". Arrancó con una historia que solucionaba el dramático cliffhanger con el que concluía la segunda temporada, seguía con una divertida parodia de ‘Mad Max’ y concluye con la presentación del ya mítico Pepinillo Rick.

Sin entrar en demasiadas consideraciones para no espoilear, en este episodio, Rick Sánchez se convierte a sí mismo en pepinillo para escaquearse de una reunión con una consejera y el resto de su familia. Tras múltiples aventuras como pepinillo, una reveladora y especialmente amarga conversación en el coche con su hija y sus nietos deja muy claro que la ciencia no va a recomponer a una familia prácticamente atomizada.

Es decir, el capítulo de ‘Pickle Rick’, que ya se ha convertido en el más parodiado y comentado de la temporada gracias a su abrumador potencial icónico, incluye ciencia-ficción (aunque más orientada a la aventura y menos a la paradoja transdimensional, pero con un monólogo inicial acerca de las razones para convertirse en pepinillo que pasa a las páginas de oro del tropo del mad doctor).

Picklerick

También incluye humor, que brilla especialmente con los primeros pasos de Pepinillo Rick para adquirir movilidad, y con la parodia de las películas de espías superdotados tipo ‘Bourne’. E incluye emoción, con los personajes confrontándose al hecho de que su abuelo prefiere convertirse en pepinillo antes que ayudar a solucionar la situación familiar.

Mencionábamos a Fredric Brown como uno de los referentes ineludibles a la hora de hablar de ‘Rick y Morty’, pero no es el único: Robert Sheckley y sus desternillantes viajes dimensionales; Terry Pratchett y sus emocionantes periplos por el Mundo Disco; la ‘Guía del Autoestopista Galáctico’ de Douglas Adams y sus arriesgadas zambullidas en el absurdo puro… todo está en el ADN de ‘Rick y Morty’, por encima de otros referentes de la animación actual con la que superficialmente se le podría comparar por la brutalidad de su humor, como ‘South Park’ o ‘Padre de Familia’.

Y eso es porque Roiland y Harmon están tan atentos a hacer ciencia-ficción de línea dura como a rellenar sus aventuras de personajes y situaciones no solo divertidos, sino emotivos y memorables. Que, al final, es de lo que siempre han ido las mejores muestras del género.

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