Una DUI en diferido



Las reuniones en el mundo soberanista son el pan nuestro de cada día. Antes de ayer por la noche, tras la jornada de huelga general, nuevo cónclave presidido por el presidente catalán con el PDeCAT, CUP, ERC y las entidades Asamblea Nacional Catalana y Òmnium Cultural. Sobre la mesa, la discusión sobre la hoja de ruta del secesionismo tras el referéndum del 1-O, y también todas las discrepancias sobre el calado que debe tener la Declaración Unilateral de Independencia.

En la mesa, dos propuestas. Una Declaración Unilateral de Independencia a la brava, defendida por la CUP, Òmnium Cultural y Esquerra Republicana, y otra Declaración Unilateral de Independencia en cómodos plazos, o en diferido si lo prefieren, que ha sido defendida en el seno del PDeCAT por el consejero de Empresa, Santi Vila. Al final, esta última propuesta parece que es la asumida por Puigdemont «de entrada, aunque esto parece más un Dragon Khan» –la atracción emblemática de Port Aventura– según apuntan fuentes conocedoras de las conversaciones.

El mundo independentista ha considerado «una declaración de guerra», el mensaje del Rey Felipe VI, y se temen que, a partir de ahora, se endurezca la presión del Estado. En palabras de Jordi Sánchez, presidente de la ANC, «el Estado ha enloquecido». Esta nueva situación favorece las tesis del sector duro que pretende acelerar acontecimientos convencidos que el Estado actuará «sí o sí». Sin embargo, los sectores más moderados defienden la prudencia, apelan al «piano, piano», como fórmula que permita mantener a los Comunes de Ada Colau en el marco independentista ante «la represión del estado». «Se trata de no poder apoyos y una DUI más contundente podría hacer que Catalunya en Comú cogiera distancia», apuntan fuentes independentistas.

Un analista político defendía que «ahora ha acabado la primera temporada del procés y ahora empieza la segunda». No le falta razón si se atiende a la propuesta suave de DUI. Puigdemont comparecerá en el Parlament el próximo lunes para trasladar el resultado del referéndum, muy positivo para los independentistas a pesar de «la represión policial». Según apuntan algunas fuentes, Puigdemont podría abrir en el Parlament un periodo de entre tres y seis meses.

Puigdemont propondría el lunes en el plenario de la cámara catalana una Declaración Unilateral de Independencia, sin efectos jurídicos, pero que sería el punto de partida para iniciar un proceso constituyente, con la participación de la sociedad civil, que redactaría la constitución de la República Catalana. Después de esta primera fase, la Generalitat convocaría un nuevo referéndum para validar esta nueva constitución. Si es aprobada, se convocarían elecciones constituyentes. El plazo máximo: seis meses.

Esta propuesta de «DUI en diferido» no está bien vista por el sector duro que considera que la «DUI está en el horno», por lo que no podemos defraudar a miles de catalanes que «se han batido el cobre en la calle», porque un fracaso «acabaría con el independentismo». En este núcleo duro habría que incluir al entorno del presidente Puigdemont, aunque el presidente prefiere, de momento, seguir escuchando a su partido y al ex presidente Artur Mas que se ha posicionado firmemente al lado de Puigdemont. Para apaciguar ánimos en el PDeCAT, Puigdemont ha lanzado sus propuestas de mediación a la Unión Europea y a la iglesia
–obispo de Barcelona y Abadía de Montserrat–.

Las tensiones son evidentes. Desde el PDeCAT se acusa a Junqueras de estar «permanentemente en campaña electoral», y desde ERC se afirma que «Convergencia está noqueada a pesar de tener un masista –en referencia a Jordi Sánchez– al frente de la ANC». La CUP, por su parte, ha optado por un perfil bajo, pero se ha hecho con el control de la calle y de los grupos organizados. «Puigdemont y Junqueras lideran este proceso porque el president seguirá con la CUP y ERC hasta el final y no van a aflojar», apunta un dirigente del sector duro que pone de manifiesto las diferencias entre la ANC y Òmnium Cultural para lanzar un dardo al PDeCAT «Marta Pascal y la nueva dirección del PDeCAT están intentándolo todo para ir a elecciones como mal menor y no perder parte del pastel y cuota de poder». La respuesta de un dirigente del PDeCAT es contundente «algunos quieren llevar este proceso de forma «clicotímica e inestable».

El debate, por tanto, se centra en cuál de los escenarios es el más factible para evitar una acción contundente del Estado. Una acción que en el independentismo se espera de forma inevitable pero los «palomas» piensan que es preferible no forzar más la situación, mientras que los «halcones» consideran que llegados hasta aquí hay que apretar hasta el final.


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